Tomás Bretón: 100 años del fallecimiento de una gloria nacional

Retrato de Tomás Bretón y Hernández, a cargo de Joaquín Sorolla y Bastida. Hispanic Society of America / Wikimedia Commons

Virginia Sánchez Rodríguez, Universidad de Castilla-La Mancha

El día 2 de diciembre de 1923 amaneció envuelto en una profunda tristeza. El maestro Tomás Bretón, director orquestal, antiguo comisario regio del Real Conservatorio de Música y Declamación de Madrid y célebre compositor, había fallecido esa madrugada.

La noticia corrió como la pólvora por las calles de Madrid, pues, además de su referencia en los periódicos, el violinista y director de orquesta Enrique Fernández Arbós lo comunicó a los asistentes a la matinée que la Orquesta Sinfónica de Madrid ofrecía en el Monumental Cinema justo esa jornada:

“El maestro Arbós se dirigió al público, que llenaba totalmente el enorme local, y le participó que el maestro Bretón, gloria de la música española, había fallecido. El público, hondamente emocionado, recibió la noticia en medio de un gran silencio, y cuando el maestro Arbós se dirigió a los músicos y al público pidiendo que como homenaje inmediato y fervoroso al maestro fuera tocada la célebre ‘Jota’ de La Dolores, todo el mundo asintió conmovido. […].

Muchos de los circunstantes sintieron que las lágrimas asomaban a sus ojos, y cuando la ‘Jota’ terminó […] el público se desbordó en una ovación clamorosa, en que se dieron vivas a Bretón y a España”.

(La Correspondencia de España, 3 de diciembre de 1923).

Al día siguiente, el féretro del músico fue trasladado en un carruaje estufa y estuvo acompañado por una multitud en su último paseo por las calles de Madrid. Algunas de sus melodías más célebres fueron interpretadas al paso del cuerpo sin vida de Bretón, cuyo destino final fue el cementerio de La Almudena.

La prensa, que se hizo eco de la noticia inmediatamente, no tardó en calificar el suceso de una “pérdida nacional”. Y es que Bretón se había convertido en una de las principales personalidades de su época: en un concurso realizado por la revista Blanco y Negro en 1903 para saber qué escritor, poeta, músico y torero eran los preferidos del público, éste obtuvo, como artista musical, el mayor número de votos.

Portada del diario _La Correspondencia de España_ en el que se informa de la muerte de Tomás Bretón con el titular: Ha muerto el maestro Bretón.
Portada del diario La Correspondencia de España en el que se informa de la muerte de Tomás Bretón. Hemeroteca Digital BNE, CC BY

Sin embargo, cien años después de su muerte, y a pesar de su amplio reconocimiento en vida, aún hay aspectos menos conocidos sobre su figura.

Un músico poliédrico

Tomás Bretón nació el 29 de diciembre de 1850 en Salamanca, en la actualmente denominada calle Bretón.

Su padre, Antonio Bretón, falleció cuando nuestro protagonista no había cumplido los tres años. Para subsistir, su madre, Andrea Hernández, comenzó a alquilar habitaciones. Estas eran, principalmente, ocupadas por los cómicos que actuaban en el cercano Teatro del Hospital –después, el desaparecido Teatro Bretón–. Ese ambiente artístico resultó clave para el despertar de unas inquietudes culturales tempranas, que se materializaron en las primeras enseñanzas de violín por parte de un amigo de su hermano Abelardo y, posteriormente, en las clases recibidas en la Escuela de Nobles y Bellas Artes de San Eloy.

Durante su vida, ya establecido en Madrid, compaginó la dirección orquestal en la Unión Artístico-Musical o la Sociedad de Conciertos de Madrid con la composición. A pesar de que su legado es amplio y diverso, sus mayores desvelos fueron encaminados a dignificar la ópera nacional, desde la perspectiva teórica y, en especial, desde la escritura musical.

Fruto de ello, se gestaron sus óperas Guzmán el bueno (1877), Los amantes de Teruel (1884), Garín o El eremita de Montserrat (1892), La Dolores (1895), Tabaré (1911) y Don Gil de las calzas verdes (1914).

Sin embargo, ha pasado a la posteridad como el autor del sainete lírico La verbena de la Paloma (1894), sobre un libreto de Ricardo de la Vega (1839-1910), un género que, precisamente, había criticado. https://www.youtube.com/embed/1kNUXHcB-cs?wmode=transparent&start=0

Unos últimos años repletos de preocupaciones

Durante las últimas dos décadas de su vida, sin abandonar las facetas mencionadas, el compositor salmantino se ocupó de la docencia y de la dirección del Real Conservatorio de Música y Declamación de Madrid. También continuó con su labor activa como miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, del Ateneo de Madrid y del Círculo de Bellas Artes. Sin embargo, justo al final de su etapa laboral, se vio perjudicado por un problema burocrático relativo a su jubilación que le ocasionó numerosas preocupaciones.

En 1901 había comenzado su vinculación con el centro de educación musical al ser nombrado comisario regio. Estuvo adscrito a la institución hasta el año 1910, en que dimitió. Después de un breve impasse, tras el fallecimiento de Cecilio de Roda, en 1913, regresó, por aclamación popular, al frente del Conservatorio. Pero, al cumplir los setenta años, recibió una notificación, sin previo aviso, en la que el Estado le comunicaba su jubilación.

Un grupo de personas trajeadas miran a la cámara situados tras una mesa.
Reparto de premios a los alumnos del Conservatorio de Música y Declamación de Madrid en 1915, con la presencia de Tomás Bretón (el tercero por la izquierda). Mundo Gráfico / Wikimedia Commons

Existían precedentes de docentes que continuaban trabajando pese a superar la edad legal, pero a Bretón no le dieron la oportunidad de solicitar una prórroga laboral ni de disfrutar de una pensión suficiente para mantenerse. El procedimiento en el que el músico se embarcó para luchar por una pensión digna se prolongó durante más de un año y medio, un tiempo en el que Bretón se vio rodeado del cariño de sus compañeros, de la aclamación del pueblo y del apoyo de la prensa.

Por fin, en julio de 1922 se produjo la firma del rey a la ley que confirmaba la concesión de una pensión vitalicia de 7 500 pesetas. Sin embargo, en ese tiempo la salud de Bretón se resquebrajó, pues, a finales de ese mismo año, experimentó un empeoramiento de la miocarditis crónica que sufría.

Un legado vivo de interés académico y popular

Retrato en blanco y negro de un hombre con bigote y barbas tupidas y largas.
Retrato de Tomás Bretón por Antoni Esplugas i Puig en 1904. Wikimedia Commons

Bretón ha sido objeto de numerosas y rigurosas investigaciones, siendo las más profundas y numerosas las desarrolladas por el Dr. Víctor Sánchez. Sin embargo, los trabajos académicos no siempre ahondan en los últimos años de vida de los músicos.

Con la intención de mitigar esa realidad, próximamente verá la luz mi libro Tomás Bretón: Últimos compases, publicado en Ediciones Universidad de Salamanca. En él indago en el proceso burocrático en el que se vio inmerso y en los sentimientos del músico, especialmente a través de algunas cartas inéditas hasta la fecha.

Este año 2023, Bretón ha sido objeto de varios homenajes, entre los que sobresalió la exposición Tomás Bretón, mucho más que La verbena de la Paloma, organizada por la Biblioteca Nacional de España, el Ayuntamiento de Salamanca y la Fundación Salamanca. Ciudad de Cultura y Saberes. La muestra ha sido acogida tanto en la capital de España como en la localidad natal del músico.

Ojalá los artistas siempre reciban, al final de sus días, una recompensa digna por su dedicación y que, en las décadas y siglos venideros, la memoria colectiva mantenga vivo su legado.

Virginia Sánchez Rodríguez, Profesora Titular de la UCLM. Miembro del Centro de Investigación y Documentación Musical (CIDoM)-Unidad Asocida al CSIC. Especialista en música del cine español y en mujeres músicas de los siglos XIX y XX, Universidad de Castilla-La Mancha

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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